Te quiero. Adiós.
Llorar no sirve de nada en la vida. Esto fue lo que trató de inculcar el abuelo de mi abuela a ésta. “No llores”, la decía; porque no va a solucionar nada.
Ella no le hacía ningún caso. Sólo reía al comprender que es cierto, que llores lo que llores no ocurrirá nada. La vida no cambia. Sólo reía al darse cuenta de que no le iba a aportar nada. Pero más reía aun cuando se daba cuenta de que en verdad, sólo eso la quedaba.
Recompensas. Yo pensaba que eran esas inciertas cosas que se pedían por encontrar a ese “wanted” de los carteles pegados por las calles del oeste. Pero no. Últimamente me hablan sólo de recompensas. No se entiende, ¿verdad? Entonces te diré que me alegro si sólo es esto lo que no entiendes, pues yo no entiendo nada, ni en general ni en particular. La gente me habla de algo relacionado con las putas recompensas. Y es que, a mi sentir una carcajada saliendo de tu corazón me recompensa todo.
Así que sí hay recompensas en la vida, sólo has de dejar de pensar en el oeste, de llorar y descubrirlas.
Todo y nada son palabras, simples palabras como “te quiero” y como “adiós”.
Y es que a veces hay que decir que te quiero, que te quiero…y adiós. Sin más palabras, sin más suspiros. Sólo eso.
Yo no lo diré, es más, haré como que no lo he escuchado. Intentaré hacer creer a mi corazón que mi consciente no lo ha escuchado, a ver si se atreven a unirse las piezas dispersas.
Aunque todos sepamos que sí, que lo han dicho, que te han dicho: TE QUIERO... Y ADIÓS.
Marta García Nevares
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