Bienvenido no anticiclón
Contradictorios sentimientos se apelotonaban en mi pecho. No resistieron mi alegría y mi buen humor ya que una capa grisácea cubrió el cielo en cuestión de un tranquilo vuelo.
Sin embargo sentí su presencia en el rojizo de mis pómulos. Era una mezcla de tranquilidad y esperanza. Esta última creaba a mi parecer crestas puntiagudas pero no por ello demoraban su decrecimiento. Quizás era por lo congeladas que empezaban a estar manos y orejas, quizás era que mis leves conocimientos de economía salían a relucir con aquel frío y oscuro mediodía dublinesco.
Pero el sol y el frío madrileño continuaron en mi corazón como las gentes que allí pauso momentáneamente.
Bienvenido no anticiclón a mis meses venideros.
Marta García Nevares