Caballera y no caballero
Todo se ve mejor desde otra perspectiva.
Un payaso. Un hombre vestido de payaso.
Hace equilibrios en el último resquicio en el que su pie se puede sostener. Lleva todas las vestimentas para la ocasión.
No lo he mencionado. Se encuentra en aquella estrecha viga. No recuerdan mal. Aquella del octavo piso, aquella viga que observábamos de pequeños mientras jugábamos en el parque. Nos imaginábamos aviones aterrizando. Inventábamos diminutos aviones que necesitasen una pista como aquella. Imaginábamos divertidos duendes sentados con las piernas colgando mientras observaban el mundo. Imaginábamos el magnífico columpio que se podría construir allí arriba.
Pero ahora se encuentra aquel payaso.
Me mira. Me sonríe. Quizás sea una sonrisa triste. Quizás desde esa perspectiva no observo el maquillaje que hace formarse en su rostro aquella agria sonrisa.
Ni los equilibrios que aquella persona está haciendo, no por divertir a miles de niños sino para evitar caer al vacío con unos enormes zapatos. Rojos. Son rojos. Hace que la gente se ría más. Más de él. Morir con unos zapatos como aquellos es algo que le da fuerzas para resistir allí arriba. Bueno, eso lo inventé yo.
Sopla una brisa que hace que se tambalee. Aquí casi ni se aprecia, pero parece ser que arriba, se nota, y no poco.
De repente suena el móvil. Le da la risa, o eso creo.
Una mano sale de la nada. No veo quién es, sólo sé que tras un inquietante parpadeo veo cómo la viga sigue ahí. Como siempre. Desierta.
Desde aquella perspectiva puedo volver a inventarme pistas de aterrizaje. Desde aquella perspectiva, todo se ve mejor.
Marta García Nevares
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