PREGUNTAS
Solía jugar con mi padre a preguntarnos qué seríamos de mayores. Él tenía sus veintiocho años ya y yo mis ocho. Me gustaba, me hacía gracia. Era un vínculo gracioso.
Hoy, han pasado ya muchos años. Es cierto, aún me lo pregunto. ¿Qué quieres ser de mayor? De mayor… de mayor quiero ser feliz. (Tú lo dijiste a tus dieciocho años. Una ridícula redacción que mandó el de literatura te hizo cuestionarte tu futuro. Aún no lo he olvidado. Y creo que será mi respuesta en cualquier lugar, en cualquier momento.)
Porque hay preguntas a las que no has de responder. Hay preguntas que no se pueden contestar. Hay preguntas que se responden solas. Hay preguntas que se olvidan con descorteses besos con los que quitar esa duda. Hay preguntas que sólo el corazón responde. A esta te diré: También hoy.
Marta García Nevares
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